miércoles 22 abril 2026
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A un año de la muerte de Francisco, el mensaje de Milei y el día que le tuvo que pedir perdón por insultarlo

Tras cumplirse el primer aniversario del fallecimiento de Jorge Bergoglio, el Presidente envió un saludo protocolar vía redes sociales. Un gesto que contrasta con la agresividad del pasado y que expone la sinuosa relación de la gestión libertaria con la figura del Papa argentino.

En un nuevo aniversario de aquel 21 de abril que conmocionó al mundo y al sentimiento profundo de los argentinos, el presidente Javier Milei utilizó sus canales oficiales para recordar la figura de Francisco. Con un escueto pero potente «Abrazo a la distancia, Santo Padre» y la caracterización como «el argentino más importante de la historia», el mandatario buscó cerrar filas en una fecha de alta sensibilidad social, aunque el mensaje no tardó en despertar lecturas políticas sobre la ambivalencia que ha marcado su vínculo con la Iglesia Católica.

El gesto de hoy intenta sostener la imagen de un jefe de Estado institucional, lejos de aquel candidato volcánico que, en plena campaña electoral, no dudó en calificar a Bergoglio como «el representante del maligno en la Tierra». Sin embargo, para los analistas y los sectores cercanos al Vaticano, la frialdad del mensaje refleja una tregua forzada más que una reconciliación genuina.

El peso del pasado: del insulto al perdón

La relación entre Milei y Francisco nunca fue lineal. El archivo es implacable: durante años, el hoy Presidente sostuvo una retórica de confrontación total contra las encíclicas papales, a las que acusaba de promover la «justicia social», concepto que Milei define como una «aberración».

Fue recién en febrero de 2024, durante su visita al Vaticano —pocos meses antes del deceso del Pontífice—, cuando Milei se vio obligado a dar un giro de 180 grados. En aquel encuentro de 70 minutos en el Palacio Apostólico, el mandatario debió dejar de lado su manual libertario para ofrecer disculpas formales por los agravios proferidos. Aquella imagen del abrazo en la Basílica de San Pedro fue leída por muchos como una capitulación política necesaria para dotar a su gobierno de una pátina de gobernabilidad y aceptación internacional.

Una herencia que incómoda

A un año de la partida de Francisco, el Gobierno de La Libertad Avanza se encuentra en una encrucijada ética y comunicacional. Mientras el país atraviesa una crisis social profunda, con indicadores de pobreza que el propio Bergoglio solía denunciar con énfasis, el Ejecutivo opta por una conmemoración lavada, que evita profundizar en el legado del Papa sobre la solidaridad y el rol del Estado.

El «abrazo a la distancia» que Milei profesa hoy parece más un ejercicio de control de daños que un homenaje sentido. En la Casa Rosada saben que la figura de Francisco sigue operando como un faro moral para gran parte del electorado, incluso para aquel que el oficialismo pretende retener.

Sin actos oficiales de gran envergadura previstos por el Gobierno para la jornada, la recordación queda reducida a la virtualidad de las redes sociales. Un cierre de ciclo que deja sabor a poco para quienes esperaban que, ante la ausencia definitiva del líder religioso, el Presidente mostrara una estatura de estadista capaz de reconocer, sin matices, la importancia histórica del único argentino que llegó al trono de San Pedro.