viernes 15 mayo 2026
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El consumo no encuentra piso: en febrero las ventas cayeron un 3,4% y profundizan la crisis del mercado interno

El último informe de la consultora Scentia revela que el consumo masivo inició el 2026 con signo negativo, acumulando una baja del 2,1% en el primer bimestre. En un contexto de pobreza estructural cercana al 32% y una actividad industrial que no repunta, el desplome en rubros básicos como bebidas y artículos de limpieza expone el deterioro del poder adquisitivo bajo el actual esquema económico.

Los datos del consumo masivo de febrero volvieron a encender las alarmas sobre el estado de la economía real en la Argentina. Según el relevamiento mensual de Scentia, las ventas en todos los canales (supermercados y autoservicios) retrocedieron un 3,4% interanual. Esta cifra no solo interrumpe la leve recuperación que se había intentado dibujar a finales del año pasado, sino que consolida una tendencia contractiva en el inicio del período 2026.

El desglose por canales muestra que el impacto es generalizado, aunque con matices. Las grandes cadenas de supermercados sufrieron la mayor embestida con una caída del 5,9% en comparación con febrero de 2025. Por su parte, los autoservicios independientes —comercios de cercanía donde suelen refugiarse los sectores de menores ingresos— registraron una baja del 3,8%. El único indicador que mostró un crecimiento extraordinario fue el e-commerce (+26,5%), un canal que, si bien se expande, sigue representando una porción minoritaria y elitista del consumo total.

Al analizar qué están dejando de comprar los argentinos, el informe es tajante. La canasta de Bebidas sin alcohol lideró el desplome con una contracción del 11,8%, seguida por los productos de Limpieza de ropa y hogar (-6,2%) y los de Higiene y Cosmética (-4,4%). Incluso los productos perecederos mostraron un retroceso del 2,1%. El dato que parece dar un respiro —el aumento del 1,5% en Alimentación— debe leerse con cautela: refleja un consumo de supervivencia donde las familias priorizan lo básico frente a la imposibilidad de acceder a otros bienes.

Este escenario de góndolas vacías y tickets reducidos no es un fenómeno aislado, sino el correlato directo de variables macroeconómicas que el Gobierno Nacional no logra encauzar. Con una tasa de pobreza del 31,6% al cierre del último trimestre y un desempleo que alcanza el 7,5%, la capacidad de compra de las familias se encuentra bajo mínimos históricos. A esto se suma que la actividad económica no da señales de alivio: la producción automotriz cayó un 30,1% en febrero y la industria manufacturera inició el año con una baja del 3,2%.

La «limpieza» de precios y el ajuste fiscal, pilares de la narrativa oficialista, parecen haber chocado con la realidad de un mercado interno quebrado. Mientras el índice de precios al consumidor (IPC) acumuló un 5,9% en lo que va del año, los salarios continúan corriendo por detrás, forzando a los consumidores a recortar hasta en los rubros más elementales.

El informe de Scentia de febrero de 2026 deja una conclusión política ineludible: sin una recuperación de los ingresos reales y con indicadores de producción en rojo, el declive del consumo seguirá siendo el síntoma más visible de un modelo que, por ahora, solo ofrece recesión.