El Presidente habló enojado en el marco de la cumbre anual de empresarios de EEUU en la Argentina. “Odio la inflación, el dato me repugnó”, reconoció sobre la inflación de marzo en 3,4% que informó el INDEC, número más alto en 18 meses. Sin embargo, prometió más motosierra para combatirla. Además, dijo que trabaja 16 horas por día y que sus “valores morales dicen que mentir y estafar está mal”, cosa que casi causa risa en el auditorio.
Tras expresar su repugnación por la inflación de marzo, que en realidad viene en subida desde julio de 2025, Milei le echó la culpa a un supuesto intento de golpe de Estado después de que “Manuel (Adorni) hizo esa extraordinaria elección”, en referencia al comicio porteño de 2025.
Muchos interpretaron la insólita y anticientífica referencia (el fenómeno inflacionario empezó antes que aquello que lo habría provocado) como un intento de defensa pública indirecta para el jefe de Gabinete, muy golpeado política, mediática y judicialmente por sus escandalosas compras de inmuebles y viajes de lujo e incluso con su familia con recursos del Estado.
“Desde entonces hubo ataque feroz al corazón del modelo, hubo más de 40 de leyes intentando romper el equilibrio fiscal… no lo lograron”, dijo, entre aplausos permanentes de un grupo de empresarios que acompañan un rumbo económico que les conviene antes que nada, aunque preocupados por la continuidad del modelo en el marco de percibir que no se encuentra en su mejor momento.
Milei opinó que aquellas leyes de la oposición, incluidas las incumplidas de financiamiento universitario y a la discapacidad, entre otras, provocaron una tremenda caída de la demanda de dinero, lo que derivó en subas de la tasa de interés y del tipo de cambio en ese entonces. Llamativamente no cumple ninguna de las dos mencionadas leyes y de hecho lo hace a partir de violar la Constitución.
“Este mes impactó la educación, todo lo que tiene que ver con guerra, el transporte, y por una cuestión estacional, la carne. Estamos purgando todavía la caída de la demanda de dinero más los efectos estacionales”, completó su explicación, ahora pasando de culpar a la oposición al mundo y la carne.
Ante eso, afirmó sin ponerse colorado que «la política monetaria no cambió, por lo que no es inflación estrictamente, es un salto de precios”.
En ese plano, inició un segmento de autodescripción y se jactó de trabajar 16 horas por día, tren en el que se arrogó hacer «laburar» a la par a sus ministros. No conforme, provocó risas – no se sabe si irónicas o crédulas – en el auditorio al afirmar que sus “valores morales dicen que mentir y estafar está mal”. Lo de la criptomoneda $LIBRA no se sabe cómo entra en evaluación allí.
Volvió al tema inflación y vaticinó que «superado esos efectos, la tasa va a caer” y precisó que deben «terminar de acomodar los precios relativos» y que «lo único que hay que hacer es tener paciencia”. Hace una semana pidió paciencia también.
“La demanda de dinero ha empezado a crecer. Menor tasa y menor tipo de cambio significa que volvió a subir demanda de dinero. En marzo la actividad económica empezó a rebotar, empezó a revivir”, dijo quien en 2024 había pronosticado que la economía iba a “crecer como pedo de buzo”. Y agregó: “La economía va a retomar el fuerte sendero de crecimiento que teníamos previo al ataque de la política”.
En ese punto, enumeró lo que pareció configurar como logros de gestión, con nula alusión a fuentes, y habló de «récord de PBI, consumo, exportaciones, el RIGI (Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones) está volando”.
“El crédito está creciendo fuertemente”, sorprendió el libertario mientras se derrumban los créditos hipotecarios en 2026, tras un 2025 que bien aprovecharon sus funcionarios para tomarlos con condiciones preferenciales para los empleados públicos. “Cuando se recomponga el capital de trabajo, la Argentina vuelva a crecer”, dijo contradiciendo sus propios vaticinios y argumentaciones previas.
El presidente rechazó el supuesto planteo del “círculo rojo”, es decir, el establishment, así como de los periodistas y los “econochantas” de que él debe elegir entre crecimiento y empleo o desinflación. “El círculo rojo hace una hipótesis de que si queremos crecer, tenemos que aceptar tener más inflación. Entonces deberíamos relajar la política fiscal y monetaria. Así podamos crecer y ganar una elección. Desde mi visión me parece inmundo, repugnante. El camino de la inflación lleva al infierno”, dijo Milei.
En esa línea pronunció su mantra de que emitir dinero implica “dinamitar la reputación, no ser creíbles, así no van a lograr expandir, van a ir para atrás y eso nos va a castigar en las urnas”. Y, por el contrario, prometió: “Vamos a mantener el equilibrio, seguir apretando, la motosierra no se detiene. Di la orden expresa en la reunión de gabinete, vamos a seguir bajando impuestos porque los impuestos son un robo”.
“Vamos a continuar con la política monetaria apretada, vamos a sacar todos los pesos de la calle”, siguió profesando su fe. “No vamos a ceder un ápice en la desregulación”, continuó con su credo, más allá de que sus liberalizaciones hubiese provocado un fuerte alza de alquileres, prepagas y telefonía. “Vamos a seguir abriendo la economía, porque se amplía la economia, libera más rendimientos crecientes”, aseveró.
Y cerró con una suelta de toalla, llamativa también para su auditorio pese a lo amistosos: “Después la gente podrá elegir otro camino, será responsabilidad de los argentinos”.
“Cuando vean cómo cae la inflación, la pobreza, la economía se recupera, suben los salarios, probablemente nos acompañen”, quiso matizar, pero automáticamente volvió a dejar caer algunas miradas sorprendidas: “Si no nos acompañan, nos volvemos a casa”.





