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Tsipras anunció feriado bancario para mañana y aseguró que los depósitos están garantizados

El premier acusó al Eurogrupo de “chantajear” al pueblo griego al rechazar una nueva prórroga antes del referéndum del próximo domingo, en el que la sociedad helena decidirá si acepta o no las medidas de ajuste.

El jefe de gobierno tomó esa decisión por recomendación del Banco Central griego, luego que el Banco Central Europeo (BCE) decidiera mantener los préstamos de emergencias para garantizar la liquidez de los bancos griegos al mismo nivel del viernes pasado, un día antes de que el fracaso de las negociaciones con el Eurogrupo desataran una masiva corrida bancaria que drenó de más de 400 millones de euros al sistema bancario heleno.

Durante la última semana, el BCE fue ajustando sus préstamos de emergencia a Grecia casi de manera diaria, para adaptarse a los vaivenes que provocaban los momentos de optimismo y pesimismo después de cada reunión entre el gobierno de Tsipras y los acreedores en Bruselas.

Por eso, Tsipras no dudó hoy en responsabilizar abierta y directamente al Eurogrupo en su discurso a la nación transmitido por televisión y luego difundido vía comunicado por su oficina.

“La decisión de ayer de no aprobar el pedido del gobierno griego de una extensión de unos pocos días del programa (de asistencia financiera) para dar al pueblo griego la posibilidad de decidir a través de un referéndum sobre el ultimátum de las instituciones acreedoras (…) es una acción que busca prohibir el derecho de un pueblo soberano a ejercer su prerrogativa democrática”, sentenció el premier.

“Está claro que el objetivo de las decisiones del Eurogrupo y del BCE es intentar chantajear la voluntad del pueblo griego y dañar el proceso democrático, principalmente la convocatoria del referéndum”, agregó.

El viernes pasado, después de más de cinco meses de arduas negociaciones con las tres instituciones acreedoras -la Comisión Europea, el BCE y el FMI-, Tsipras anunció que no los dos compromisos por los que había sido electo en enero pasado se habían vuelto irremediablemente contradictorios: cerrar un acuerdo con los acreedores y poner fin a la austeridad y los ajustes de los últimos cinco años.

Tsipras debía sellar un acuerdo antes del 30 de junio, cuando vence el llamado plan de asistencia de los acreedores. De no hacerlo, Grecia se queda sin cobrar el último tramo de la ayuda, 7.200 millones de euros, una cifra vital para que Atenas pueda cumplir con sus vencimientos de deuda y garantice la liquidez de sus bancos.

Ante la intransigencia de las instituciones acreedoras, que se niegan a acordar sin imponer nuevos ajustes, el premier llamó a un referéndum para el próximo domingo 5 de julio para que el pueblo griego decida si acepta o no las reformas y el ajuste reclamados por los acreedores.

Tsipras no dio demasiados detalles sobre las medidas de control que su gobierno impondrá en los próximos días ni cuánto tiempo estarán cerrados los bancos.

Fuentes gubernamentales informaron a medios internacionales como El País de España y The Guardian de Reino Unido que los bancos estarían cerrados lunes y martes, mientras que lo mismo sucedería con la Bolsa griega.

Las versiones sobre el monto de dinero que permitiría sacar el corralito, en cambio. Los más pesimistas sostenían que podía ser de 60 euros por día, mientras que otros hablaban de 200. Tampoco estaba claro cuánto duraría esta medida o el resto de las iniciativas para controlar los capitales en el sistema financiero griego.

El fuerte tono de los anuncios de Atenas y la incertidumbre que provocó en las calles de Grecia -representada por largas filas frente a los cajeros automáticos- rápidamente se hizo sentir fuera de las fronteras del país heleno.

Los líderes de Francia y Alemania convocaron hoy reuniones de urgencia para mañana para discutir en sus países la situación de Grecia y su posible salida de la zona euro.

La canciller alemana, Angela Merkel, se reunirá con los líderes del resto de partidos, mientras que el presidente francés, François Hollande, llamó a un encuentro de emergencia del Consejo de Ministros.

Desde la otra punta del océano Atlántico, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, también se mostró preocupado por el rápido deterioro de la situación política y financiera de Grecia y llamó por teléfono a Merkel.

Ayer el secretario del Tesoro norteamericano, Jacob Lew, había instado a los acreedores a que consideraran “discutir un potencial alivio de la deuda griega” antes del referéndum del domingo próximo, una sugerencia que contradice la premisa de Alemania, Francia y el BCE de que la deuda griega es sostenible.

Actualmente y tras cinco años de ajustes y medidas neoliberales, la deuda externa de Grecia ya supera el 180% del PBI nacional.

Seguramente esta semana se mantenga la vorágine de los llamados y los contactos entre Grecia y sus acreedores, sin embargo, en el país heleno la situación está a punto de ganar la adrenalina y la tensión que sólo produce una elección polarizada.

El referéndum convocado por el gobierno para el próximo domingo será vinculante y para que su resultado defina el futuro del país al menos un 40% de la población debe votar.

Aún no hay encuestas que pronostiquen cuál será la opinión pública el próximo domingo. Lo único que se sabe es a qué llamarán a votar cada partido político. Mientras el gobierno pidió apoyar el No y llamó a manifestación mañana a la tarde en la plaza Syntagma, los principales partidos de derecha y centro-derecha llamaron a apoyar el Si y preparan una masiva campaña.

Si se tiene en cuenta los resultados de la elección anticipada de enero pasado, la misma que llevó al poder a Tsipras, los partidos que apoyan el No a las propuestas de ajuste de los acreedores sumarían más de un 52%, mientras que las fuerzas que reclaman votar por el Sí y quedarse dentro de la euro zona como sea se acercan a un 40%.

En la calle no se percibía aún ninguna señal de la campaña, pero en los cafés, los comercios, las plazas y, por supuesto, en las colas para sacar dinero de los cajeros automáticos no se hablaba de otra cosa.

“Que no cunda el pánico, debemos defender nuestra dignidad”, pidió un hombre ya mayor a un pequeño grupo de personas, en su mayoría mujeres, que se encontraban delante de dos cajeros vacíos, según relató EFE.

“Pero si yo no digo que no se trate de dignidad. Yo estoy aquí porque tengo que dar de comer a mis hijos”, contestó una mujer, mientras que otra explicó, casi excusándose por querer sacar dinero: “Mire, yo lo único que quiero es sacar dinero para mis compras de la semana”.

La cuestión de fondo del referéndum es, por tanto, “decidir si se opta por la dignidad o por el dinero”, se planteó una tercera mujer en alusión a que un ‘Sí’ en la votación del próximo domingo volvería a abrir el grifo de los acreedores internacionales.

“¿Pero quién dice que firmar el acuerdo signifique que vayamos a tener dinero?”, respondió otra, recordando que la prórroga de cinco meses propuesta por los acreedores básicamente contempla fondos para poder pagar los próximos vencimientos la deuda externa y no para invertir en desarrollo ni construcción de empleo.